El crimen del cácaro Gumaro


De Emilio Portes y protagonizada por Andrés Bustamante, la comedia mexicana cae en chistes locales y enfocados a un público muy específico.

El crimen del cácaro Gumaro

 

13 / 03 / 2014

Güepez es un pueblo inexistente y creado por la imaginación deAndrés Bustamante, Armando Vega Gil y el director Emilio Portes, todos ellos guionistas de El crimen del cácaro Gumaro. Sus calles las recorren personajes pomposos con las rivalidades más excéntricas, pero sus calamidades tienen un eje claro: rendirle homenaje al cine. No a cualquiera, al nacional.

Por ello no sorprenden las constantes referencias a películas como Y tu mamá también, personajes como Pepe el Toro o títulos de vampiros y zombies que construyeron la cinematografía nacional, aunque, eso sí, con su muy peculiar twist. Cada uno de estos guiños separan a la cinta de otras producciones mexicanas, pues además aprovecha géneros como la farsa y la sátira para hacer crítica social.

Al más puro estilo del Coyote y el Correcaminos –incluso la voz en off es similar a la de “marca ACME”–, la historia se centra en la disfuncional y competitiva relación de 2 hermanos: Gumaro (Carlos Corona) y Archimboldo (Alejandro Calva). Cuando su padre muere, le deja al primero el Cine Mújica y al segundo su casa. Sin embargo, Archimboldo se empeña en acabar con el patrimonio de su hermano: “¿Como por qué Güepez necesitaría un cine, si existe entretenimiento más barato, léase, piratería?”.

De este modo, Portes construye una crítica que no deja títere con cabeza. Esboza una historia caricaturesca en donde Bustamante interpreta al corrupto alcalde, Don Cuino, y Ana de la Regueraa una femme fatale que añade conflicto a las situaciones. La impunidad, el crimen, la política, la iglesia, los festivales de cine y el género “de arte”, son convertidos en puntadas, algunas mejor logradas que otras, que requieren conocimiento de la filmografía nacional y sus protagonistas.

Y es ahí en donde El crimen del cácaro Gumaro cae. Los chistes son demasiado locales y están enfocados a un público muy específico. Además, son excesivos para una historia sencilla pero recargada de elementos, como cameos, efectos especiales –no siempre al punto–, que es visualmente barroca y con sketches extravagantes que le restan dinamismo a la crítica de fondo.

Sólo en un lugar como Güepez tanto desconcierto podría coexistir.

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