40 años de The Dark Side of the Moon (la leyenda más allá del arcoiris)


LOS 40 AÑOS DEL EMBLEMÁTICO DISCO THE DARK SIDE OF THE MOON DE PINK FLOYD SON CELEBRADOS CON SU INDUCCIÓN A LOS ARCHIVOS DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE ESTADOS UNIDOS

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Este fin de semana se cumplen 40 años del emblemático y enigmático álbum The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, uno de los discos más importantes en la historia del rock psicodélico. A esta efeméride se une la inducción del disco a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, gala que sólo pueden presumir  350 grabaciones.

Material de leyenda, brujería sonora que progresa de melodías hipnóticas hacia la demencia, The Dark Side of the Moon es uno de los discos de culto que va más allá del fanatismo común –fue el álbum que hizo millonarios a David Gilmour, Nick Mason, Roger Water y Richard Wright, quienes donaron parte de las ganancias a la producción de una película de Monty Python, pagando de sobremanera las risas que los habían acompañado en la composición del disco. Y aunque para algunos el álbum es menos innovador y psicodélico –sin la presencia de Syd Barret y seguramente con un consumo menor de LSD que en otras ocasiones– indudablemente es el que mayores interpretaciones esotéricas ha generado.

Desde el arte del disco, considerado una obra maestra del diseño, que en su concepción más sencilla es sólo un triángulo prismatizado (o prismatizando la luz). Pero que ha sido interpretado como una pirámide que guarda una relación con los astros o hasta con el acroiris del Mago de Oz. Lo cierto es que se ha convertido en un sigilo de la cultura pop.

Aunque los miembros de Pink Floyd han declarado que no vieron la película de El Mago de Oz durante la grabación ni intentaron cifrar la música alrededor de la trama o de los símbolos, para crear una ópera mágica alrededor de este moderno cuento de hadas, de cualquier forma millones de personas han consumido psicoactivos observando esta cinta sincronizada –al rugido del león– con The Dark Side of The Moon. El sincromisticismo se alimenta de las coincidencias y encuentra fuerzas ocultas de las cuales las personas son apenas vehículos, eso o las drogas que van a veces demasiado bien con la música y la elevan y distorsionan.

Existen varias lecturas del disco que le otorgan una dimensión simbólica o una potencia secreta. No faltan los partidarios de la conspiración que encuentran en las letras la revelación –que parece más una conmixtión– de que la llegada a la Luna fue un hoax o de que existen bases militares en el satélite y que incluso se genera desde ahí un programa mental que manipula subrepticiamente a través de alta tecnología la conciencia del ser humano. “Realmente no hay un lado oscuro de la luna. De hecho es toda oscura”, en esta oscuridad se genera la especulación de llenar el cráter de lo posible, la voz lunar que declina asombrosamente hermética. Hay quienes creen que The Dark Side of the Moon es una especie de obra de alquimia sonora que refleja el drama cósmico de la existencia humana, desde los procesos corporales –como el pulso del corazón y la respiración, motivos frecuentes en los arreglos de sonido— hasta el conflicto con el sistema económico dominante y la locura o desintegración del individuo (la banda y  sus miembros: microcosmos de la humanidad) hasta su final reintegración en el eclipse, el acto místico de la sombra –esta lectura, probablemente un poco hiperbólica y barroca, tiene su paralelo en el cine  en la película de Kubrick 2001:Odisea en el Espacio, esta sí con un simbolismo un poco más intencional.

Como detalle sincromístico, esas coincidencias que para algunos tienen profundos significados ocultos, la canción “On the Run” es usada comúnmente por los Chicago Bulls para introducir al equipo rival. Cuando los Toros salían en la oscuridad, la música que los introducía era “Sirius”, de Alan Parsons, el ingeniero de sonido de The Dark Side of the Moon, quien habría tenido una fuerte injerencia en el sonido del disco. Micheal Jordan, “Su Majestad”, portaba, para la inmortalidad, el 23 en el dorso de su jersey, este número es la cifra asociada con una serie de sincronicidades  que derivan de William Burroughs a Robert Anton Wilson, quien las conecta con la estrella Sirio y unos enigmáticos episodios de comunicación telepática interestelar.Esta es sólo una parte de la fascinante historia que rodea a la música.

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